El Pozo
No veo el fondo, susurró...casi con una voz que intentaba afirmar un suceso sacado de la realidad noticioso y atrayente para los espectadores curiosos amontonados como moscas en frente de una carne jugosa.
Nuevamente miro dentro del pozo intentando captar quizás un pequeño pirgüín que pudiera si quiera mover el agua y de esta forma inventar alguna excusa a Edgar que la miraba con ojos de reproche.
Tengo hambre...dijo Helenna con un suave murmullo que en ese instante creyó que su maestro la escucharía. Mientras intentaba mirar hacia el fondo del pozo, en su mente desvariaban múltiples pensamientos que no la dejaban tranquila, ni siquiera para poder pensar e inventar algo.
¡No puedo! ¡Esto es absurdo! Y partió por el camino hacia la casita del campo a buscar un pan para saciar su hambre, mientras Edgar la miraba partir sin siquiera abrir la boca para hacer algún comentario echándose a andar detrás de ella.
Al llegar a la casa, entró corriendo a la cocina y sacó un pan amasado recién horneado y despellejándolo con sus deditos, disfrutaba cada trozo que entraba por su boca y bajaba a su estómago disminuyendo el dolor de hambre que la estaba matando. En ese preciso momento en que abre los ojos, su mirada se clava hacia Edgar sentado frente a ella, sacando de su maletín un tremendo trozo de pastel de cereza que ella tanto amaba y anhelaba comer en todo momento. Casi sin poder creer lo que veían sus ojos, lanzó una mirada fulminante de odio que podría haber puesto nervioso a cualquiera, pero Edgar mostrándose indiferente a sus ojos, comió el pastel sin ni siquiera darle un pedazo. Helenna con la boca abierta, lanzó un gritó ahogado de lágrimas que intentaban no caer de sus cuencas:
¡Ni siquiera me diste un pedazo!
Él la miró fijamente por unos segundos como examinándola en un silencio que iba enloqueciendo a Helenna y antes que volviera a abrir la boca para injuriarlo o decir algo nuevamente Edgar agrega:
No me pediste...dicho esto se levanta de su silla impecablemente y haciendo una reverencia se echó a caminar por el sendero que llegaba al sauce.
Helenna quería correr y gritarle unas cuantas verdades, pero no sabía que era lo que se lo impedía, si su tranquilidad para hablar, o la confusión de sentimientos que a la vez estaba sintiendo y que estaban estancados sin poder expresar ninguno, recordó el pozo...¡el pozo! pensó...y en esa tarde, por primera vez, lo entendió...




Comentarios sobre El Pozo
esta muy confuso para los lectores, como que tu idea no logra salir, igual por que es muy personal, que se yo, pero no se logra captar nada, jejeje pero te recomendaria escribir no con ideas tan personales, ¿sabes? en ocaciones cuando uno escribe e intenta plasmar una idea que corrio por su cabeza, la expresa de una manera tan personal que solo el escritor entiende, y ahi se queda en la interpretacion personal, pero el lector sufre. Por que lo que tu sientes el otro no.
El pozo....Su canto con un suave murmullo imperceptible al ojo humano...
libera suaves ritmos al compas de gotitas de agua que revientan y bailan una tras de otra llenas de vida y movimiento coordinado.
Quién ha escuchado su canto y acompañado su risa...entiende que detrás del pozo...existe la vida eterna...