"Lo Real"
Creo que olvidé la última vez que sentí una sonrisa verdadera en mis labios. Aquella paz que sentía completamente al sentarme en el piso de mi pieza y vagabundear sobre mis pensamientos. Aquel estilo de vida que me permitía comprender el todo, la experiencia de sorprenderme con alguna circunstancia impredecible.
Y es que por más de que todos puedan aconsejarte, no vale la pena perder el tiempo analizando los detalles, simplemente no sirve absolutamente nada de lo que puedan decirte si realmente no estás seguro de ti mismo. Nadie realmente comprende lo que ocurre dentro de ti más que el mismo personaje que debe debatirse entre las escenas diarias de parlamentos perfectamente escritos para un nuevo filme.
¿Comprendes lo real? ¿Comprendes al actor?
Nadie mejor que el mismo protagonista, podría detallar el secuestro de una mente maestra que pretende nunca darse por vencido. Y es aquí, en esta parte donde encontramos el significado de la vida, el norte, el destino, el árbol de la vida que nos deleita con su fruto más sabroso que cualquier otro. Es aquí donde reímos a carcajadas encontrando estabilidad y serenidad incalculada, es aquí en éste punto, donde podemos sentir el alivio de abandonar la pesada carga, que al igual que Prometeo, nos ofrecía encontrar una eternidad de desdicha sin la mayor posibilidad de cambiar el día a día o la desilusión de vernos envueltos dentro de la piedra mortífera, angustiosa de tantas lunas sin una respuesta que pudiera disminuir los infortunios de una plegaria loca de espanto por el porvenir vaporoso de un camino sin luces, sin estrellas, sin una luciérnaga que te pudiera ayudar a decidir que trayecto tomar. Igual que Alicia en el país de las maravillas al acercarse al sendero del Gato Risón, no importaría que travesía recorrer, si finalmente no sabes donde quieres llegar.
Sin duda vuelvo a reír al recordar esto, al mirar hacia atrás y darme cuenta que no fue más que la fotografía borrosa de sucesos desafortunados que formaron el presente de un atardecer colmado de colores.
¿Y que es entonces finalmente lo real? ¿Dónde encontramos aquello que le da el título de gran maestro?
Justamente aquí, ya sin mas miedo a vivir o morir encuentro el centro de la simetría entre mis dos hemisferios, que sin ninguna fuerza ajena, más poderosa que todo lo antes conocido y mencionado, nada podría obrarse con milagros.
Segura ya de mis misma, sin dudas ni miedos del futuro impreciso, he encontrado dentro de esta extraordinaria fuerza, el sitio adecuado para un alma en pena, dramática de sufrimientos que pudiera entregar un poco de tranquilidad a su espíritu, una mano extendida que no se escondiera en el momento preciso cuando decidiera tirarme al precipicio de los funestos cuerpos que ansiaban beber de mi propia sangre.
Sin ya remordimientos, ni desiertos lúgubres, puedo dar paz a mi alma, en la salvación de un Príncipe Redentor, que ha curado mis ojos...del vacío de no poder ver nada.



